Éste era un huerto casi como todos excepto porque dentro de el existía una conmovedora historia de amor entre un tomate chapeteado y sabrosón llamado Toto y una lechuga tierna y soñadora llamada Lucha. Los 2 se habían conocido apenas siendo unas semillitas y desde ahí se enamoraron.

Después de algunos meses; en una mañana brumosa y cálida la semillita de lechuga que ya no era tan pequeñita asomó sus verdes hojitas para contemplar un arcoíris que se divisaba a lo lejos, su suave resplandor abarcaba todo lo que la lechuguita alcanzaba a ver con su verdes ojitos desde donde se encontraba en el suelo.

De pronto escuchó fuertes pisadas que se acercaban velozmente hacia donde ella estaba, eran nada más y nada menos que las gallinas del corral de la granja de enseguida, venían presurosas y la lechuguita a fuerzas de verlas casi a diario ya sabía sus nombres y sabía también a que venían esas gallinas, ¡a tratar de comérsela!, como habían intentado hacerlo desde hacía mucho tiempo ya.
- Lucha: ¡Ay no, ahí vienen!, pero ¿que nunca se darán por vencidas?, estoy tan cansada, esto es todos los días.

Se acercaron velozmente al plantío; Faustina, Cornelia, Benita, Oralia y Tita éstas eran las gallinas más escandalosas de todo el corral y las más inquietas también.

La pobre de Lucha ya se hacía para un lado ya se hacía para el otro; porque la tremenda de Oralia le tiraba picotazo tras picotazo, pero nunca en todos sus intentos había logrado arrancarle ni una hojita siquiera, porque Lucha ya se había vuelto muy astuta y podía moverse como una gelatina de aquí para allá.

En eso estaban las gallinas muy entretenidas, cuando de pronto salió el granjero y las asustó a todas y casi volaron del susto de regreso a su corral a donde pertenecían. Después de tanto alboroto el tomate Toto, por fin despertó de su sueño dorado y asomó su regordeta cara para encontrarse frente a frente a Lucha, que se veía muy linda con ese color verde brillante.
-Toto: ¡Hola!, buenos días (bostezo)... que linda estás hoy.

Lucha al ver a Toto sintió que se le subieron los colores y se puso más verde todavía, porque sentía por Toto muchas cosas, cuando el la miraba a los ojos o tomaba sus hojitas entre las suyas, o simplemente cuando se quedaban en silencio viendo al sol ponerse, Lucha sentía que lo amaba profundamente pero había un problema Lucha no sabía si Toto le correspondería con la misma intensidad, así que un día se armo de todo el valor que tenía y se acercó a el, ella necesitaba saber si Toto realmente correspondía a su amor. Con mucho miedo, primero intentó hacerle ver a Toto sus intenciones...
- Lucha: Toto, ¿Si yo fuera la última lechuga del Universo, pasarías el resto de tu vida conmigo?
Pero el era muy ingenuo y no captaba las indirectas que Lucha le hacía. Así que Lucha tuvo que ingeniárselas de otra manera e intento llegarle por el lado sentimental...
- Lucha: El amor es algo maravilloso pero más si es correspondido, ¿No crees Toto?.
Pero el NO se daba cuenta de cuánto lo amaba Lucha, él la quería mucho pero no era amor lo que sentía por ella era sólo cariño, pero Lucha tampoco se daba cuenta de eso.

Un día lluvioso en que ninguno de los dos se había dirigido la palabra, Toto decidió poner fin a esa ilusión que Lucha se había formado, así que se arrimo a ella y empezó a susurrarle cosas al oído y Lucha tan enamorada como estaba creyó que se le iba a declarar pero en realidad lo que Toto decía era:
- Toto: Mira Lucha tu y yo somos muy jóvenes, tenemos la vida por delante y más tu que eres tan joven y guapa, puedes encontrar a alguien que te sepa valorar, alguien que te aprecie, alguien de tu misma especie, algún lechugo por ahí que te haga palpitar ese verde corazón, yo no soy para ti, yo soy un vago y flojo siempre llego tarde a todos lados. Así q creo que mejor quedamos como amigos... ¿Si?

Lucha solo escuchaba “bla, bla, bla, bla, bla”, era todo lo que ella entendía, así que cuando Toto terminó de hablar y espero una respuesta de su parte, Lucha solo movía la cabeza de arriba hacia abajo, aunque en realidad no sabía que le había preguntado Toto.

Ese mismo día en la tarde cuando el sol apenas y se alcanzaba a ver Lucha escuchó fuertes carcajadas provenientes del hoyito de Toto; se acercó a ver que pasaba y cual fue su sorpresa al ver a su adorado Totito en brazos de un tomate verde de nombre Leonarda.

Lucha se quería morir no lo podía creer si apenas hacía un rato que Toto “le había declarado su amor”, como era posible que le hiciera esto, Lucha regresó a su hoyito y se quedó ahí llorando desconsoladamente, no podía creer lo que sus verdes ojitos habían visto, simplemente no podía creerlo.

Al otro día muy temprano como era costumbre del granjero, salió a recoger los huevos de gallina, y a recolectar las verduras maduras, Lucha todos los días se escondía haciendo creer al granjero que aún no estaba madurita, pero esa mañana a Lucha poco le importó que el granjero saliera al huerto, estaba tan triste por lo que había visto que se dejó arrancar.

Sus raíces poco a poco fueron dejando la tierra que la vio nacer y convertirse en lo que ahora era, una hermosa lechuga muy verde y jugosa. Lucha miró por última vez el huerto y alcanzó a ver como Toto corría para alcanzarla y gritaba su nombre.
-Toto: ¡¡¡¡¡Luuuuuuuuuuuchhhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaa!!!!!, defiéndete, no me dejes, ¡¡¡Luuuuuuuuuuuchhhhhaaaaaaaaaa!!!.

Pero no pudo llegar a ella y esta solo lo miro pero no le dijo nada. Lo último que Lucha alcanzó a ver antes de que sus ojos fueran rebanados por un filoso cuchillo fue el sol, y este parecía despedirse de ella porque su resplandor era mucho más fuerte de lo habitual incluso el granjero quedo cegado momentáneamente pero en cuanto pudo ver partió a Lucha en dos.

Cuando Toto pudo desenmarañarse de su raíz y corrió a la ventana con la poca vida que le quedaba, buscó a Lucha en el interior de la casa, buscó y buscó hasta que por fin la vio, estaba extendida en un gran plato, sus verdes hojas seguían verdes pero un verde opaco, algunas ya estaban un poco arrugadas y de su Lucha ya no quedaba nada.

Toto comprendió muy tarde que había cometido un error terrible, cuando se bajaba de la ventana, tropezó y cayó al suelo estrepitosamente haciéndose casi puré, el sabía que al desprender su raíz del suelo moriría lentamente.

Y, así fue el pobre terminó en el bote de la basura porque el granjero por poco se cae y se mata, debido a que Toto quedó reducido a una simple mancha en el suelo muy resbaladiza.

Pero la vida en la granja continuo, a pesar de tan terrible acontecimiento, todos lograron sobreponerse a la terrible pérdida de estos extraordinarios vegetales.

FIN